Por: Walter Javier Arrázola M.
En los procesos económicos, a fin de acaparar poder, se utiliza la estrategia de la captura del regulador, esto implica tomar el control del ente regulador y legal para eludir los controles y regulaciones a las que estas empresas deberían estar sometidas dentro de la institucionalidad de un Estado Democrático.
La captura del regulador por lo general conlleva al tráfico de influencia, el uso de información privilegiada, barreras de entrada a nuevos competidores, como consecuencias monopolios, privilegios legales o –en su caso– influenciar en el proceso legislativo para crear ventajas “legales” y “legítimas” a su sector; que por lo general esto va acompañado con la corrupción en los estrados judiciales; en fin todo beneficio que pudiera favorecer los intereses del actor dominante o empresa.
Hoy nos encontramos ante un nuevo concepto económico y político dentro del narcotráfico, que es la captura del Estado.
En Bolivia, la del presidente Evo Morales, se han dado todas las condiciones e incentivos para que el narcotráfico logre capturar democráticamente al Estado Boliviano. El Estado Boliviano se encuentra, o está por serlo, capturado por el narcotráfico.
Para este fin, en primera instancia, el poder político ha sido capturado por un sector de interés en Bolivia, que son los campesinos cocaleros a los cuales representa el presidente de Bolivia, quien casual y extrañamente es también el presidente de las seis federaciones de productores de coca más grandes que tiene Bolivia.
Si vemos los índices del crecimiento de los cultivos de hojas de coca, los índices de aumento de producción de cocaína y pasta base de la cocaína en Bolivia, el mundo y la comunidad internacional deberían estar sorprendidos. Desde que Evo Morales asumió la Presidencia –en el 2006– la producción de hoja de coca creció 20 por ciento y la producción de cocaína se incrementó en 65 por ciento, cifras de crecimiento exponenciales. Además, las detenciones y las sanciones efectivas hacia los carteles o narcotraficantes han sido inversamente proporcionales a los anteriores datos; es decir, han decaído las sanciones judiciales efectivas y las aprehensiones in situ.
Los carteles han importado las más avanzadas tecnologías para su producción, donde no se encuentran grandes fábricas sino “micro empresas” con gran capacidad de producción.
Estadísticamente la generación económica de este sector daría a pensar que se han mejorado las condiciones de vida de los ciudadanos en los lugares donde se cultiva la hoja de coca, puesto que campesinos pobres compran varios microondas y lavadoras industriales, además de autos lujosos (sobre todo 4×4). En realidad los equipos electrodomésticos no son usados para el uso domestico sino para el empresarial del narcotráfico.
Hoy los carteles de narcotraficantes que están siendo perseguidos en Perú, Colombia, México o Brasil, tienen un paraíso terrenal y fiscal: el Estado Plurinacional de Bolivia, lugar donde se mueven tranquilamente. Los costos de oportunidades y transacción en Bolivia son mínimos y la persecución Estatal con la correspondiente sanción punitiva de aquellos delitos de igual manera. Existe mucha probabilidad que un gran narcotraficante no sea detenido, quienes si engrosan las filas en las cárceles bolivianas son las famosas “mulas”, que también sirven como medio para desviar la atención de las autoridades policiales quienes detienen e incautan pequeñas cantidades de estupefacientes mientras el grueso de la droga sale libremente por los cielos bolivianos.
Existe un privilegio constitucional en Bolivia, que incentiva a los narcotraficantes para la producción de la hoja de coca. El artículo 384 de la Constitución de Morales dice: “El Estado protege a la coca originaria y ancestral como patrimonio cultural, recurso natural renovable de la biodiversidad de Bolivia, y como factor de cohesión social; en su estado natural no es estupefaciente. La revalorización, producción, comercialización e industrialización se regirá mediante la ley”.
La campaña para la reelección de Evo Morales será financiada, a declaración de él, por las donaciones que harán todos los productores cocaleros de varias libras de hoja de coca por campesino, en las presidenciales a realizarse el 6 de diciembre de este año.
Asumiendo que ningún productor estuviera ligado directamente con el narcotráfico la pregunta que debemos hacernos es ¿Si el narcotráfico disminuiría, quienes se verían afectados social y económicamente en Bolivia? ¿Los consumidores? No lo creo, porque el mercado interno es muy pequeño. Los grandes carteles de la droga, por supuesto.
Existe un conflicto de intereses entre lo que represente Evo Morales como presidente de un país y como defensor a ultranza del sector que lo hizo presidente. Es decir, indirectamente están protegiendo al narcotráfico o por omisión es cómplice del mismo, como lo atestigua el candidato a la presidencia del Brasil por el Partido de la Social Democracia Brasileña, José Serra.
Si se cae la producción de hoja de coca, se cae el narcotráfico, si esto sucede se cae Evo Morales por no proteger y defender al sector que representa, los campesinos cocaleros.
El problema no termina ahí, sino recién comienza. El Chapare, lugar fuerte de Evo Morales y donde se produce la mayor cantidad de hoja de coca –cabe recalcar que esta no es apta para el consumo humano– empiece a expandir su control político y electoral en el país; o en su caso los carteles de narcotraficantes empiecen a financiar directamente las campañas políticas (si es que ya no la estuvieran haciendo) para tener influencia en el parlamento, municipios y/o gobernaciones. Por ahora, sería solamente al partido de gobierno que defiende al sector que les provee las materias primas, pero luego eso ya no le interesará a los carteles. Evo Morales será descartado por los mismos cocaleros o por los grandes industriales del sector.
Cuando se logre completamente la captura del Estado por el narcotráfico, a estas organizaciones criminales dentro del razonamiento económico, no les interesará financiar a los partidarios o grupos afines a Evo Morales, sino también a la de sus opositores, sean de izquierda o de la derecha. A los carteles solo les interesará capturar al Estado y defender sus intereses corporativos como lo haría cualquier holding internacional.
El libre mercado del narcotráfico en Bolivia está a su máxima expresión, no pagan impuesto, reducen el control del estado, no tienen fronteras y por si fuera poco se han transnacionalizado. Al analizar la geopolítica latinoamericana habrá que preguntarse ¿Que interesante pueden ser los nexos sin control aéreo entre Bolivia, Venezuela, Ecuador, Cuba y Nicaragua para los carteles? ¿Que se podría estar comerciando tanto dentro del ALBA? o ¿Que podrán estar llevándose las cargas de los aviones hercules venezolanos que constantemente arriban y salen de tierras bolivianas?













